¿Caídos del cielo o caídos de las ramas?

antropoides

Inauguramos este blog con un tema que será recurrente: la polémica entre el rupturismo y el continuismo. Pero, ¿sobre qué?Pues en lo concerniente a la posición que ocupa el género humano dentro del orden al que pertenecemos, el de los primates, así como en relación a los otros animales, puesto que nuestro género también pertenece al reino animal.

Partiendo de lo más básico, podemos decir que el hombre (y aquí nos referimos a cualquier sujeto del género humano, sin distinción de sexo) es, entre otras cosas, un animal, que pertenece al orden de los primates. A su vez, los humanos somos haplorrinos (tenemos nariz simple, sin rinario), simiiformes (con forma antropoidea), catarrinos (con los orificios de la nariz mirando hacia abajo), hominoideos (primates catarrinos sin cola), homínidos (lo que conocemos como “grandes simios”), y homininos (la tribu que incluye a nuestra especie y a nuestros parientes más próximos, los chimpancés y bonobos, así como a los gorilas).

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“You are a primate”

Como hemos visto formamos parte del orden de los primates, y compartimos con las casi 500 especies descritas hasta el momento ciertas características, como el hecho de tener manos con cinco dedos, capacidad de realizar pinza de precisión, tener uñas planas, visión frontal, etc. Con nuestros parientes más cercanos, los chimpancés, compartimos un poco más del 98% de los genes. Entonces quedarán pocas dudas de que somos animales, que somos primates y que poco o nada tenemos de especial, no somos ángeles caídos. Esto nos acerca a la idea continuista. Formamos parte de un cierto grupo de animales, con los que compartimos un origen y podemos reseguir el parentesco relativo con las distintas especies.

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Árbol familiar; características de la mano primate.

Por otro lado, aunque no somos seres divinos con una naturaleza supranatural, es cierto que tenemos características propias, aquellas que conforman nuestra naturaleza y que nos caracterizan como lo que somos, en este caso, humanos. Cada especie animal tiene sus propias características únicas, con lo que ni defendiendo la singularidad podemos destacar, puesto que cada especie tiene su naturaleza y su idiosincrasia. Podemos decir que cada especie, ya no sólo animal, sino de ser vivo, que todavía se mantenga a flote es un triunfo evolutivo, así que no hemos triunfado más que una ameba, una secuoya, una hiena o un gelada.

A pesar de todo lo expuesto, hay que decir que entre todos los primates descritos, y entre todos los grandes simios, somos los únicos con una capacidad lingüística innata (estamos hablando de estructuras que permiten el lenguaje, estructuras propias, fisiológicas y morfológicas, biologicamente estructurales, como es tener el hueso hioides, o como las estructuras mentales – localizadas en los centros cerebrales del habla, esto es, las áreas de Broca y de Wernicke– que nos permiten tener una sintaxis recursiva). Tenemos, también, muy desarrolladas las capacidades sociales, somos altamente colaborativos (haciendo uso de nuestras capacidades empáticas así como nuestra capacidad para intuir y suponer lo que piensan los demás, lo que se conoce como teoría de la mente) y somos hiperculturales, entre otras cosas. Algunas de estas características, sino todas, son las que han alimentado y alimentan las tesis rupturistas. Para el rupturismo nuestras singularidades no son sólo singularidades propias de especie, son algo más. Todas las especies tienen características singulares, aunque muchas de ellas son compartidas, algunas especies tienen características únicas y, para el rupturismo, el hombre, es una de esas especies.

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Concepto de la evolución humana, no lineal ni progresiva.

Podríamos decir que nuestra naturaleza alimenta las dos corrientes de pensamiento, puesto que somos animales, somos primates y formamos parte de la evolución; pero a su vez, nuestra especie es única, tanto por sus características como por el hecho de no convivir con otras especies del género homo. Para terminar tenemos que decir que esta discusión será recurrente en este espacio y, además, no es una cuestión menor, puesto que defender una visión u otra indice en otras áreas de estudio y discusión, como la psicología, la etología, la ética, la antropología, temas de evolución, paleontología, etc.

Veremos dónde nos llevan estas discusiones en siguientes posts.

 

 

Bibliografía:
BLASCO, Agustín, Ética y bienestar animal, Akal, Madrid, 2011.

MOSTERÍN, Jesús, La naturaleza humana, Espasa Calpe, Madrid, 2008.

WAAL, Frans de, El mono que llevamos dentro, Tusquets, Barcelona, 2010.

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