El poder de la Información.

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Tanto si hablamos de cultura como si lo hacemos de aprendizaje social es necesario hablar de información. Y la información no es nada más (obviando las complejas teorías matemáticas, físicas y lingüísticas de la información) que un cúmulo de datos y estos datos, a su vez, son objetivos y se pueden medir. En la Naturaleza encontramos montones de datos y estos son información. «La información objetiva natural es fundamentalmente información semántica, correlación. Esa correlación se da entre la forma de la señal y ciertas características del emisor de la misma.» (Mosterín 2009, p. 17). Por ejemplo, las cenizas de algo quemado contienen información del material carbonizado. La luz que proyectan las estrellas nos da información de la composición química de las mismas, o la sangre de una persona nos da información de su estado de salud (entre otras cosas).

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La información del polvo de las estrellas.

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La información en sí misma es algo real aunque inmaterial. Para su existencia se requiere un soporte material, físico, que la contenga. En ausencia de soporte no hay información, aunque hay propuestas filosóficas, de corte platónico, que proponen un espacio o mundo ideal que alberga toda la información. Así pues, el día que desaparezcan todas las ediciones de La Divina Comedia, de Dante y, el día que desaparezca la última persona que los sabe de memoria (en caso de que exista), dicha obra dejará de existir (aunque algún platónico lo pueda ubicar en el mundo de las ideas).

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Los soportes materiales que albergan la información (codificada)teclado3 pueden tener la misma forma o formas distintas.
De este modo, tres ejemplares de la obra Sueño de una noche de verano de William Shakespeare, de la misma edición, tendrán exactamente la misma forma y la misma información. No obstante, si tenemos esa obra en una edición clásica en formato libro, otra edición en un formato digital en PDF y otra edición mecanografiada, las tres ediciones tendrán (albergarán) la misma información pero tendrán distinta forma.

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Dicho todo esto, el mundo orgánico de los seres vivos también está repleto de información. La vida necesita información que contenga instrucciones básicas de cómo sobrevivir, como reproducirse, etc., esta información natural típica de los seres vivos se codifica en las distintas bases que conforman el ADN. Así el soporte físico de dicha información son un tipo de biopolímeros, los ácidos nucleicos (el ADN y el ARN). Este tipo de información, la información genética, es una información natural, codificada y almacenada dentro de cada ser vivo, la cual es recibida de los progenitores y traspasada a los descendientes por herencia biológica. [Para saber más podéis leer nuestro post sobre reproducción]. La información genética es un tipo de información relativamente fiable y de lenta evolución, por eso hay especies que llevan millones de años sin cambiar. Por otra parte, los organismos vivos no sólo viven de su información genética, la interacción con el medio ofrece la posibilidad de conocer, evaluar y aprender, con lo que algunos, de hecho, muchos seres vivos obtienen información natural extra, del entorno, y la gestionan, la almacenan y, en otros casos, la transmiten. La experiencia que un animal consigue a lo largo de su vida es información. La comunicación que se establece entre los animales no sería posible sin la existencia de una información que pasara de un sujeto a otro.

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La evolución ha ofrecido un genial invento que gestiona esa información que no es heredada, este invento es el cerebro

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La gestión de la información.

Muchos animales tenemos cerebros (algunos más desarrollados, otros no tanto). Este órgano permite recibir, acumular, gestionar, modificar y transmitir (aunque sea de modo indirecto, a través de otros órganos) la información que no es genética. Además, este tipo de información es más susceptible de contener errores y de ser mal transmitida, esto se debe a que es una información que se transmite muy rápidamente, de un modo mucho más veloz que la información genética. En este caso,a más velocidad, más errores de transmisión.

¿Qué tipos de información hay? De modo general podríamos decir que hay tres tipos distintos de información: (a) la información estructural o sintáctica; (b) la información semántica; y (c) la información pragmática. Por ejemplo, la forma molecular del carbono es o contiene información estructural o sintáctica, de igual modo que la palabra ‘casa’ o la secuencia de letras ‘asdf’; lo mismo pasa, por ejemplo, con el disco de Festo, que tiene una información estructural (aunque también semántica, la cual todavía no se ha podido descifrar), esa información estructural es su forma, la forma y orden de sus símbolos. La información semántica es, grosso modo, el significado, es una correlación, «el significado de una oración declarativa es una relación entre las situaciones en las que se profiere y las situaciones descritas por tales proferencias». (Mosterín y Torretti 2002; p. 298). Resumiendo: «Cada mensaje tiene una forma o estructura determinada. Esa forma lo correlaciona con algo, le permite cambiar las disposiciones del receptor de cierta manera. La forma del mensaje constituye su información sintáctica o estructural. La conclusión es la base de su información semántica. El cambio que produce en el receptor es su información pragmática.» (Mosterín 1994; p. 22). Por último, la información pragmática puede ser, a su vez, de tres tipos: (i) información descriptiva, el saber qué; (ii) información práctica, el saber cómo; y (iii) información valorativa, la evaluación y las preferencias. Como veremos más tarde, la cultura es información pragmática de los tres tipos. (Véase Mosterín 2009, p. 23).

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En el siguiente Post conoceremos un poquito más acerca del Aprendizaje, ¡no te lo pierdas!

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Bibliografía:
FERRETER MORA, José, Diccionario de filosofía. 4 vols., Ariel, Barcelona, 2001.
LECOURT, Dominique (dir.), Diccionario Akal de Historia y filosofia de las ciencias, Akal, Madrid, 2010.
MOSTERÍN, Jesús, La cultura humana, Espasa Calpe, Madrid, 2009.
– Filosofía de la cultura, Alianza Editorial, Madrid, 1994.
MOSTERÍN, Jesús, TORRETTI, Roberto, Diccionario de lógica y filosofía de la ciencia, Alianza Editorial, Madrid, 2002.
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